viernes, mayo 05, 2006

Hablamos con... Silvia Abascal

Madrileña de 28 años, lleva media vida dando vida a personajes en televisión y cine, una carrera que tiene continuidad porque da más importancia al hecho de evolucionar que al de mantenerse.

Ella soñaba con dedicarse a la interpretación y ve que ese sueño se está realizado, pero es consciente de que todo camino en cualquier momento puede torcerse. De todo eso nos habló minutos antes de subirse a las tablas de la Sala del Antiguo Café del Teatro Español con su tercer montaje, Siglo XX... qué estás en los cielos.

Daniel Galindo: Llevas varias semanas atrapada por una obra especial y arriesgada, con factores sorprendentes que condicionan la forma teatral...¿cómo estás viviendo la puesta en escena?
Silvia Abascal:
Estoy dentro de un proceso muy rico por muchos motivos: por contraste de personajes, ya que vengo de la ingenuidad y la inocencia de La dama boba y aquí paso a ser una yonkie que vive la movida de los 80, un personaje oscuro, cerrado, con muchas capas; además repito con Roberto Enríquez, uno de los compañeros a los que más admiro y quiero; y conocer la batuta de Blanca Portillo ha sido el mejor regalo. Con esas experiencias, todas juntas, me siento pletórica.

DG: Conocemos a Blanca en su faceta de actriz pero como directora, además de que este sea su quinto montaje, lleva muchos años tocando todos los palos del teatro desde su productora, Avance PT.
SA:
Para mi ha sido todo un descubrimiento. La admiraba mucho como actriz pero no nos conocíamos. Me encanta como mujer, como profesional... Creo que es muy buena guía y sabe exprimir a los actores, que está llena de inteligencia, respeto y tolerancia, un buen catálogo de virtudes al trabajar con un material tan frágil como es el de las emociones. Ha sabido jugar con este texto de David Desola, muy complicado, porque la función se desarrolla en un limbo inquietante, la antesala de un futuro, con dos muertos de diferentes periodos históricos a merced de un dios caprichoso e infantil que impone pruebas para volver a la vida, para reencarnarnos.

DG: Un proyecto muy especial, muy rico, que te permite trabajar aspectos diversos y, sin desvelar secretos para preservar el factor sorpresa, bajo unas condiciones específicas y muy curiosas...
SA:
Es un ejercicio de concentración diaria que requiere una elevada capacidad de comunicación debido a que las imágenes están puestas en las voces, llenas de colores y matices. Las palabras deben ser cuadros sonoros orgánicos, vivos, sinceros, y supone un esfuerzo el recrear un viaje sensorial en el cual el espectador tiene dos opciones: conectar y volar con nosotros o tomar un rumbo diferente. De cara a las reacciones del público la obra no permite término medio: encanta y apasiona o por el contrario te descoloca.

DG: Echando un vistazo a tu trayectoria teatral podemos distinguir tres etapas: los primeros pasos de manos de La Gaviota; un trabajo más maduro, un duelo interpretativo, junto a Luisa Martín en Historia de una vida y finalmente, Siglo XX...
SA:
Tienes razón, cada proyecto supone un nuevo aprendizaje. Me estrené con Amelia Ochandiano, de quien aprendí mucho; Historia de una vida ha tenido frutos muy positivos de cara a la valoración profesional y personal, ya que el personaje tenía una clara línea de evolución. Yo siempre busco contrastes entre los trabajos, no quiero acomodarme en ningún espacio. No me rijo por hacer sólo cine o televisión o teatro.

DG: En todo caso, vincular medios: el verso en el cine, la radio en el teatro y el teatro en la televisión.
SA:
Son buenas combinaciones pero de verdad, es lo que me interesa: no ir a lo fácil. Además de demostrar que un actor debe prepararse para todo y no relajarse. Ya que esta profesión te permite saborear tantas cosas hay que aprovecharlo: ir del monólogo a una coreografía, jugar con los acentos... Si sientes curiosidad por la vida, ésta es una carrera que te permite bucear en muchos abismos.

DG: Y todo despacio pero con paso firme, buscando el reto en cada propuesta...
SA:
Tengo una carrera con continuidad, un privilegio. Yo prefiero dar más importancia al hecho de evolucionar que al de mantenerme y creo que cuanto más meto la cabeza, más respeto siento por la profesión, lo que implica, que no es un título que te dan y se convierte en algo vitalicio.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.