Hablamos con... Daniel Sánchez Arévalo
Es autor de Profilaxis, Gol y Exprés, tres de los cortometrajes más exitosos de los últimos años. La culpa del alpinista, basado en una idea que le brindó Julio Medem, alcanzó la sección Corto Cortissimo de la Mostra de Venecia celebrada en 2004. Este guionista madrileño curtido en series de televisión (Farmacia de guardia, Hospital Central) debuta en el formato estrella con una comedia sobre el duro drama de la vida, una historia que supone la continuación, siete años después, del relato aparcado en Física II, cortometraje que atesora más de 40 premios.
Considera que el cine es un arte muy caro para darle la espalda al público y ahora aguarda su reacción después del paso de AzulOscuroCasiNegro por el Festival de Málaga, donde ha logrado los premios de la Crítica, el Especial del jurado y el de Mejor guión. Una carrera de fondo que le está dando buenos resultados a un prometedor cineasta que nunca pensó en abandonar su camino marcado por la licenciatura en Empresariales.
Daniel Galindo: Su debut en el largometraje parece un puzzle de miedos y fantasmas, los de un grupo de jóvenes que lo tienen difícil al asentarse en el mundo de los adultos, una crónica aciaga presentada a modo de comedia oscura, casi negra.
Daniel Sánchez Arévalo: Coincido con el actor Hector Colomé en que la vida es dramática en un noventa por ciento, aunque las situaciones cómicas y patéticas ocupan y alegran buena parte de la existencia. Por eso decidí introducir a los personajes en ese ambiente y en esa edad, la que ronda ya los treinta, que parece menos cinematográfica que la del paso de la adolescencia a la juventud. La historia engancha con el final de Física II donde el personaje de 18 años empieza a tomar sus propias decisiones. Yo me pregunté qué ocurre si con 25 años, en la pre-madurez, sigues estancado en tus problemas, inseguridades y circunstancias.
DG: Sin llegar a ser autobiográfica, AzulOscuroCasiNegro parte de dentro, de sentimientos que albergó durante muchos años...
DSA: Es verdad. No me reconozco en el exterior pero si me identifico mucho con el mundo interior del este chaval con tendencia a cargar con la responsabilidad de todo lo que le rodea, que lucha en contra del destino que supone impuesto para él. Esos años, de los 18 a los 25, fue una etapa complicada para mí al no tener claro el camino a seguir y no era culpa de mi familia sino de mi mismo, por asumir cosas que nadie me asignaba. Es lo que le pasa a Jorge, que se tiene que dar cuenta de que su mayor enemigo es él mismo y a partir de ahí es cuando empieza a avanzar, en cuanto el superviviente se da el gusto de conocerse.
DG: Sus actores le han calificado como ‘novel con mucha madurez’, destacando la labor de dirección que ha realizado con ellos...
DSA: Y yo sólo puedo decir que he tenido a los mejores. Con algunos ya tenía lazos de amistad y con otros los he creado. Me encanta trabajar con los intérpretes, conocer sus limitaciones, sus deseos reales,... He disfrutado mucho en los ensayos y yo pensaba que iba a estar nervioso durante el rodaje por la responsabilidad, algo que me traumatizó en los primeros momentos. Siendo sincero creo que, más que dirigir bien a los actores, los elijo de forma adecuada. Es la base porque traen mucho de ellos mismos, independientemente de los ensayos.
DG: Veamos si el experimentado escritor barre para casa... ¿El guión es la base de un buen trabajo de dirección e interpretación?
DSA: Si. Un si rotundo porque el resto, lo que viene tras la concepción y creación frente al ordenador, me parece más fácil. Tenía claro que el guión de mi primer largo debía ser sólido, tenerlo todo claro. Más aún en esta película un tanto complicada por ser una historia de cubículos, con personajes encerrados en su micro-universo, una parcela en la que se tienen que adaptar para, atrapados en sus circunstancias, ser felices en la medida de lo posible. Y la película balancea entre los que quieren abandonar su celdita y cambiar, y los que quieren que no se desestabilice su contenido, algo muy difícil de asimilar.
DG: A pesar de ser un posible riesgo, de que pudiera resultar poco creíble o ridículo, ha sorprendido con un argumento que combina el drama y la comedia
DSA: Es una constante en toda mi obra de cortometrajes. Descubrí mi vena literaria a los 24 años y desde entonces no he podido evitar cuando escribo, buscarle el humor a las cosas. El drama por el drama me suele dejar de interesar, no así las películas que son capaces de hacernos pasar de la risa al llanto, de la emoción a la alegría. Por eso era muy importante el trabajo estrecho con los actores, que comprendiesen sus papeles y volasen. Es curioso que durante 8 años tuviera la historia en la cabeza, la plasmase durante 3 meses y, teniendo miedo a que me correspondiera en exclusiva, acabará perteneciendo también a ellos. Ha sido una liberación, una liberación compartida.


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