Krzysztof Kieslowski
Un preciado objeto de culto en DVD, que casi 18 años después de su estreno llega a las pantallas de cine, constituye el tributo de la distribuidora Nirvana en el décimo aniversario de la muerte de este referente del cine polaco y de toda Europa del Este.
Aunque pasó a la historia del séptimo arte por méritos propios, el autor de No matarás es de esos cineastas condenados y arrebatados en pro del cine de culto y basta que uno diga en voz alta alguno de sus títulos menos comerciales, los anteriores a la trilogía Tres colores, para corroborar cierta pedantería, no del realizador y guionista por supuesto, sino del susodicho cinéfilo esnob que se apropia de su marca.
El clima político de la postguerra sirvió de base a sus experimentos tras estudiar en la Escuela de Cine y Teatro de Łódź. El grueso de la producción de este joven de Varsovia nacido en 1941 era similar al de sus coetáneos, constituido por documentales y trabajos de ficción sobre la problemática económica y social dominante en un país en aquel momento que buscaba levantarse tras la dañina Segunda Guerra Mundial.
Hay quien asegura que su visión era espiritual, alejada de lo terrenal, aunque sea todo lo contrario al atestiguar con su cine plástico y emocional los aspectos más físicos de la cruda realidad. Su firma estuvo adherida al movimiento ‘extracomunitario’ conocido como cine de la inquietud o agitación moral, surgido al amparo de la gran crisis nacional y la fundación del sindicato Solidaridad. Y Kieslowski acabó cimentando su cine como posible vía de escape al mundo restrictivo impuesto por el régimen imperante en su Polonia natal, en la orbita del comunismo.
A modo de referencias incluyó en su carta de presentación sus primeras obras: Paso subterráneo, El personal y La cicatriz, premiada en el Festival de Cine de Moscú de 1976. A éstas seguirían otras rodadas en la nueva década como Aficionado, Suerte a ciegas o Sin fin. Los festivales internacionales se rifaban las nuevas propuestas de este joven creador que pronto se convertiría en piedra de toque del nuevo cine del viejo continente, como el alemán Wim Wenders y el británico Stephen Frears, por nombrar a algunos.
Su Decálogo a partir de los Diez Mandamientos bíblicos, compuesto por diez trabajos para televisión y dos largos (No amarás y No matarás), constituyó una especie de impuesto al orden político que empezaba a colear en los 80. Pero el creador, aunque pueda resultar paradójico, dejó una profunda huella materializada en un cine más etéreo, ahondando en sentimientos y emociones humanas. Pieza fundamental es Krotki film o zabijaniv (es su título original), estrenada en 1988 y que recibió el premio especial del jurado del Festival de Cannes y el Oscar a la mejor película extranjera de ese año.
En su etapa final tuvo tres musas, tres mujeres que abanderaron la causa de su trilogía más famosa: Azul, Blanco y Rojo. Ellas fueron Juliette Binoche, Julie Delpy e Irene Jacob y personificaban los ideales revolucionarios de libertad, igualdad y fraternidad. Pocos meses antes de su fallecimiento había anunciado su retirada definitiva de la industria europea, que perdía a uno de sus creadores más personales y prolíficos. Krzysztof Kieslowski murió en Polonia el 13 de marzo de 1996. Tenía 54 años.
Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.


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