sábado, junio 24, 2006

Gonzalo de Castro

A falta de tres asignaturas, se quedó sin licenciarse en Derecho. No tuvo ni que colgar la toga para decantarse por una de las profesiones más antiguas del mundo. Después de un intenso máster en televisión, debe reconquistar su lugar en los escenarios.

Tablas no le faltan porque él ha hecho de todo por su pasión por el teatro y ya en sus inicios fue técnico en el desaparecido Teatro Maravillas (no olvidemos que el actual es de nueva planta) hasta que tuvo la oportunidad de dar muestras de sus dotes para la interpretación.

No estuvo en el reparto inicial de la serie 7 vidas, pero pocos saben que estaba allí, detrás de las cámaras, como ayudante de dirección. Entró en el incipiente fenómeno televisivo con la intención de convertirse en uno de los personajes y la prueba de fuego le llegó cuando en el capítulo decimoquinto le dijeron: "toma, apréndete estas frases". Al final acabó como uno de los supervivientes de la serie: 15 temporadas, 7 años en total, se mantuvo en ese formato a medio camino entre la comedia de situación y el teatro en directo, por lo atípico de su grabación.

Unos cuantos años antes, en 1992, el catalán Lluís Pasqual le dirigió en Tirano Banderas y poco después repitieron Haciendo Lorca. A estas obras siguieron otras como Calígula, en una nueva versión de José Tamayo, y Testamento, de Gerardo Vera, además de otras piezas bajo la atenta mirada de Lluís Homar y Sergi Belbel. Y compaginaba sus trabajos como actor con otras funciones como la de regidor, resultando curiosos que ahora, una década después, regrese al María Guerrero de manos de Bertolt Brecht, donde fue ayudante de dirección de Terror y miseria del Tercer Reich.

El madrileño aparcó el teatro por la televisión, pero siempre que había un proyecto interesante, volvía. Eso le ocurrió cuando se le presentó la oportunidad de protagonizar Como en las mejores familias junto a Nathalie Poza, Julieta Serrano, Blanca Portillo, Javier Cámara y Pau Durá. Al igual que los tres últimos, Gonzalo asumía también la faceta de productor con este montaje pero siguió siendo un actor por cuenta ajena: Juan Mayorga escribió un nuevo texto para la compañía Animalario, Últimas palabras de Copito de Nieve y él, junto a Pedro Casablanc y Tomás Pozzi, se subió de nuevo al escenario.

Entretanto este madrileño de 43 años logró su primer gran papel en cine, aunque sólo a medias. De animales iba la cosa ya que consistía en poner voz a Melman, la alocada jirafa de Madagascar. Quienes le conocen aseguran que tiene una capacidad innata para expresar sus emociones y comunicarlas al auditorio, también a través de su palabra.

Convertido en aguador, es el primero de una ciudad oriental que da la bienvenida a tres de los más importantes dioses en la revisión que el Centro Dramático Nacional hace de una intensa obra de Brecht. A sus 43 años está empeñado en buscar a La buena persona de Sezuan y quién sabe si pronto dará rienda suelta a otra de sus aficiones, la gastronomía, abriendo un restaurante con mucha esencia teatral.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

José Luis Cuerda

Había pasado tiempo, siete años, desde que miró por última vez a través del visor de una cámara, pero en sus manos cayó la novela La educación de un hada, de Didier Van Cauwelaert. José Luis Cuerda no se lo pensó dos veces a la hora de dotar de protagonismo a las pasiones, que son la causa de sus mayores placeres y dolores.

El argumento entroncaba con su cine de emociones, un tanto visceral, y sólo había que buscar rostros para esa historia que versaba sobre la necesidad innata en el ser humano de estar con sus seres queridos. El director de cintas como Mala racha, Amanece que no es poco y La marrana se sumergía una vez más en las profundidades de los sentimientos.

Pero intentando huir de la extrema sensiblería y el punto almibarado, Cuerda vuelve a dejar claro que sigue luchando por hacer las cosas como cree que hay que hacerlas. Al escritor de historias -en activo desde los 12 años- le sedujo la posibilidad de hacer suyo un relato escrito por otro, contarlo a su manera y además, aprehenderlo por medio de un encargo a instancias de Gerardo Herrero en su faceta como productor.

Nacido en Albacete hace 59 años, comenzó a estudiar Derecho, pero no tardaría mucho en alejarse de las leyes en cuanto se sintió atraído por el mundo de la imagen: de la realización de reportajes y documentales en Televisión Española (desde 1969) pasó a ocupar un puesto destacable en el área de programas culturales, donde siguió dando rienda suelta a su capacidad creativa con la escritura de guiones para espacios divulgativos y también dramáticos.

A comienzos de los ochenta, en pleno periodo de efervescencia cultural, dirigió su primer largometraje, Pares y nones, que le enmarcó en un naciente género de comedia progre bautizada con el gentilicio de madrileña, género al que también adscriben a Fernando Colomo. Debe ser que Cuerda no gusta de encasillamientos, porque sólo tardó un lustro en adentrarse en el humor surrealista lleno, eso sí, de referencias literarias. Corría el año 1987 cuando El bosque animado llegó a las pantallas y barrió en la segunda entrega de Premios Goya, llevándose cinco galardones, entre ellos los de mejor actor, Alfredo Landa, y mejor guión, por la adaptación de Rafael Azcona a partir de la novela homónima de Wenceslao Fernández Flores.

Tras el éxito que supuso en 1999 su anterior trabajo como cineasta, La lengua de las mariposas, quedó exhausto. Después se centró en la producción de Abre los ojos y Los otros, hasta que con dignidad y sin cursilería se ha vuelto a poner detrás de la cámara, echando mano de la fantasía para resolver ciertos problemas, porque la vida es muy dura. En su afán por no pasarlo mal, ni él ni su público, Cuerda confío en este relato protagonizado por la suiza Irène Jacob y el argentino Ricardo Darín.

Mucho se está hablando del debut de Bebe a las órdenes de Julio Medem en Caótica Ana, pero pocos conocían el hecho de que la cantante, mitad valenciana, mitad extremeña, se hubiese puesto en manos en Cuerda y que ya apareciese en Al sur de Granada. Aún así de puntillosos, hay que destacar la destreza del cineasta a la hora de encontrar nuevos valores: el mejor ejemplo lo personifica Alejandro Amenábar y su Tesis, tarjeta de presentación en formato largo. El de los niños en plató es tema aparte, ya que casi siempre hay historia que requiera un actor de menor edad. Además de La lengua... y la fábula recién estrenada, con el niño Víctor Valdivia en uno de los papeles principales, Cuerda presenta un abanico de interpretaciones infantiles en sus películas, ya que considera que son lo mejor que hay y verles actuar es similar a ver crecer una flor.

Este tierno cineasta que se declara pesimista ante la vida (en palabras de Truffaut, "un optimista bien informado") nos invita a que descubramos los secretos del bosque, paradigma de un microcosmos e imagen eficaz de lo que es el mundo, con sus diferentes alimañas y también sus dulces moradores.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

lunes, junio 19, 2006

Hablamos con... Ana Fernández

Empezó en esto del cine a los 33 años. Hasta entonces llevaba unos años como chica del tiempo en Canal Sur, alguno que otro como locutora de radio "todoterreno" y muchas horas de carretera montando obras de teatro por pueblos.

En el recuerdo de todos están sus trabajos con Pedro Almodóvar (Hable con ella) y José Luis Garci (You’re the one, Historia de un beso, Tiovivo c.1950) y lejos en la distancia, pero siempre presente al hablar de ella, está Solas, la película de Benito Zambrano que la lanzó a la fama en 1998.

Tiene una cuenta pendiente con el teatro pero está muy centrada en el cine. A dos películas por año –el pasado hizo doblete con Morir en San Hilario (Laura Mañá) y Pasos (Federico Luppi)- ahora presenta el estreno casi simultáneo de Amor en defensa propia y Sin ti. Con ellas comienza el goteo de películas protagonizadas por una de las actrices más solventes del panorama nacional. Lo próximo ya está también rodado: Vidas pequeñas, de Enrique Urbizu, Lola, de Miguel Hermoso y El corazón de la tierra, de Antonio Cuadri.


Daniel Galindo: No sales de un rodaje cuando estrenas el fruto del anterior: acabas de estar a las órdenes de Miguel Hermoso Lola, dando vida a Rosario, la madre de Lola Flores.
Ana Fernández:
He sacado todo mi acento andaluz para dar vida a esta matrona que me ha tenido fascinada desde el guión: es valiente, me recuerda a las mujeres de mi familia y es mucho esta mujer. Soy la madre de la artista, papel interpretado por Gala Évora, y como miembro del equipo debo decir que a todos nos ha supuesto un redescubrimiento de la figura de la Faraona, pero intentando no caer en imitaciones. Creo que va a ser uno de los estrenos del próximo año.

DG: Y de un mito como Lola Flores a un personaje también de carne y hueso, pero más terrenal, el de Amor en defensa propia, un rol en apariencia sencillo que te ha dado más de un quebradero de cabeza...
AF:
Si, porque ella pertenece a ese tipo de mujeres que no caen muy bien que digamos. Me centré en ella como pocas veces había hecho en otros trabajos precisamente por la antipatía que me provocaba, por engañarse a si misma, por no haber pisado la tierra en 40 años, por mirarse al espejo y no gustarse. Tenía tantas aristas por pulir...

DG: El debut en el largo de Rafa Russo coincidirá en cartel con Sin ti, cinta del catalán Ramón Masllorens, en la que interpretas a una madre de familia que pierde la vista.
AF:
Fue un trabajo muy duro que me provocó una especie de presbicia acentuada por no enfocar al mirar. El proceso de preparación del papel resultó muy complejo, hablando con gente de la ONCE e intentando experimentar de qué manera vive un ciego, no de nacimiento, sino por accidente. Pero de verdad, lo de la ceguera, a pesar de su gravedad, se queda en mera anécdota, ya que a raíz de quedarse sin vista, este personaje aprende a decir no a ciertas situaciones, incluso en plena lucha por sobrevivir y superar las trabas que se pone a si misma.

DG: Muy satisfecha del personaje, ¿no?
AF:
Sí, sobre todo de su elaboración, ya que he ido descubriendo muchas cosas de Ana, de mí misma, que no había visto a pesar de tantos personajes y tantos años conviviendo conmigo, y es curioso. Siempre que te metes en la piel de otra persona acabas conociendo algo personal, pero gracias a Masllorens y a la ceguera, ocasional, claro, saqué cosas de dentro, como el instinto de superación, que hasta entonces había pasado inadvertido.

DG: Un título más a una filmografía variada: te hemos visto en registros muy diferentes pero siempre queda algo por hacer...
AF:
¿Una comedia por ejemplo? Si, me encantaría y fíjate, pido más si me dejas: hacerla con Carmen Maura, con la que me reí muchísimo haciendo un drama de suspense como La promesa, así que en una comedia debe ser apoteósico. Y que nos dirija Pedro Almodóvar... ¿no sería fantástico?

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

Eduard Fernández

Hay personajes con los que todo actor sueña con interpretar. El de Hamlet es uno de ellos. Consciente de su madurez en el medio y de que la idea de seguridad no es buena compañera de viaje, Eduard Fernández afronta uno de sus proyectos más ambiciosos a las órdenes del amigo que a su vez es gran director de escena.

Él está inserto en el experimento a gran escala que monta Lluís Pasqual con actores de toda España. Doble ración de Shakespeare: por un lado la tragedia del príncipe de Dinamarca, que no es otro que él; por otro, La tempestad, donde da vida a un capitán en medio del desastre.

Embelesado por el cine y haciendo lo propio con nosotros desde la pantalla grande, el catalán de 42 años llevaba muchos sin pisar un escenario. Sólo lo hacía cuando debía presentar una película o recoger algún premio como los Goya al mejor protagonista por Fausto 5.0 –incursión fílmica de La Fura dels Baus- y al mejor actor de reparto por En la ciudad (2002), labor también reconocida por la Unión de Actores.

La ascensión de este chico con cara de persona corriente, bajito y aspecto de chuleta fue progresiva desde que Mariano Barroso confió en él uno de los personajes de Los lobos de Washington. Hasta entonces, finales del siglo XX, mucho teatro y televisión en Cataluña con alguna participación menor en largometrajes que han pasado inadvertidos a las órdenes de Rosa Vergés en Souvenir y Juan Manuel Chumilla en Zapping.

Desempeñó registros muy diferentes en El portero y La voz de su amo, hasta que su apellido, muy común, se asoció a un Eduard que hacía el tándem más conocido. Sorprendía por su naturalidad a la hora de encarar hasta los papeles más desagradables y peliagudos pero también los cómicos (Cosas que hacen que la vida valga la pena) y los que le permitían conservar el halo de circunstancia que le envuelve (Smoking room).Marido celoso, y con razón, fue en la adaptación que Bigas Luna hizo de Son de mar, de Manuel Vicent, formando triángulo con Jordi Mollá y Leonor Watling.

Fernando Trueba (El embrujo de Shanghai), Gerardo Herrero (El misterio Galíndez), Montxo Armendáriz (Obaba) y Marcelo Piñeyro (El método) son algunos de los que le han dirigido en cine, aunque son Cesc Gay (En la ciudad) y el citado Barroso (Hormigas en la boca) quienes saben sacarle más jugo. En septiembre veremos qué tal le ha ido con Agustín Díaz Yánes en Alatriste, donde ha dado vida a Sebastián Copons, el compañero de armas del capitán castellano salido del imaginario de Arturo Pérez-Reverte.

Tras el intenso rodaje ha dado rienda suelta por media España a su pasión más temprana en el que está siendo su tercer idilio con Lluís Pasqual, después de Esperando a Godot y Roberto Zucco. El director es otro de los que saben cuidarle y él no hace ascos a tanta generosidad al confesar que sólo con él podía atreverse con el primer espada de Shakespeare.

Juntos han demostrado que se trataba de la mejor elección: el actor presume de que el rol le va como anillo al dedo, a sabiendas de que el director le ha dejado deshacerse de guiños preconcebidos, dando vida a un equilibrado compendio entre la reflexión –que es duda- y lo cómico –por su comportamiento histriónico-, un príncipe danés con aire extrovertido y mucha, mucha ironía, la misma que él le echa a la vida.


Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

domingo, mayo 28, 2006

Michael Winterbottom

Heterodoxo en su filmografía y siempre con el ánimo de sorprender alzando la voz, este cineasta se ha convertido en uno de los iconos de ese sector del cine europeo que aúna conciencia social y maestría formal.

El universitario de Oxford se apartó pronto del campo de la filología para dedicarse al cine aunque pasando primero por las salas de montaje de la Thames TV, para la que dirigió documentales sobre el cineasta sueco Ingmar Bergman y un par de telefilmes dirigidos a una audiencia juvenil.

Hace poco más de una década fundó junto al productor Andrew Eaton Revolution films que sólo un año después, en 1995, dio como frutos sus primeros largometrajes: Besos de mariposa –que narra el amor de dos lesbianas- y Go now –sobre el drama de la esclerosis múltiple-. El panorama cinematográfico era vasto por aquel entonces y muchas eran las ganas de hacer un cine diferente, prueba de ello fue el impacto que supuso en Cannes Jude, con Kate Winslet y Rachel Griffiths.

Iconoclasta en su forma de hacer cine, su estilo se va haciendo cada vez más personal e identificable. Su progresión le fue llevando a cierto desencantamiento ante el mundo que, después de Wonderland, Welcome to Sarajevo, El perdón y 24 hours party people, se volvió más sosegado, plasmado de cierta melancolía. Dejó prueba de ello en Código 46, una historia sobre un futuro próximo que nos llega a través de los ojos de los personajes a los que dan vida Tim Robbins y Samantha Morton. Y los experimentos siguieron, esta vez bajo el nombre de 9 songs, batiburrillo de sexo y música que no deja indiferente.


En la misma línea que En este mundo –sobre el viaje de dos afganos con Londres como meta- pero por otros derroteros discurre su Camino a Guantánamo, una cinta que ha cosechado buenas críticas desde su estreno en la pasada Berlinale. Su recuerdo del paso por el festival debe guardarlo bajo llave ya que periodistas y público le ovacionaron durante varios minutos por su última incursión en el cine de compromiso ideológico. El Oso de Plata a la Mejor Dirección fue un premio a repartir entre los dos directores de Camino a Guantánamo, Winterbottom y Mat Whitecross, los narradores de esta historia real protagonizada por cuatro jóvenes británicos que fueron a una boda a Pakistán y acabaron retenidos por Estados Unidos cerca de dos años.

Para el cineasta británico de 45 años, su película no es un trabajo de denuncia, sino una obra que va más allá, pretendiendo que el público salga de las salas criticando la situación de lugares como esa cárcel improvisada y pidiendo responsabilidades a quienes practican actividades criminales. Winterbottom vive con la idea de que el cine sirve para que el pueblo no olvide y que el espectador pueda convertirse en protagonista de la historia que se cuenta.

Texto escrito por
Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

sábado, mayo 27, 2006

José Sancho

...Y como el emperador que, consciente de su muerte hace balance de su vida a través de un monólogo ilustrado, el hombre de escena recapitula sus hitos a sabiendas de que aún le queda mucha guerra por dar.

No se acompleja ante ningún trabajo y eso le ha llevado a protagonizar tanto escándalos amorosos, pan para la prensa rosa, como películas a las órdenes de Vicente Aranda (Libertarias), Carlos Saura (Ay, Carmela!) y Pedro Almodóvar (Carne trémula) quien le puso en bandeja un papel de reparto que le valió su único premio Goya hasta el momento. Pero el polémico José Sancho también ha sido el protagonista de medio centenar de obras, y el actor que quería y se atrevía con el papel del emperador ilustrado que creía más en la fuerza de las palabras que en el puño cerrado del mandamás.

Con 18 años hizo su maleta y se trasladó a Madrid con la idea de vivir del teatro. No tardaría en entrar en el reparto de Los árboles mueren de pie. Desde aquel año, 1963, fue sumando obras como Enrique IV y El alcalde de Zalamea hasta que llegó el primer parón que le alejó de las tablas: Curro Jiménez, una serie a la que el valenciano de 62 años le guarda mucho cariño ya que ese personaje, el del Estudiante, le dio a conocer al gran público a través de la pequeña pantalla, la misma que ahora le impulsa gracia a su trabajo en Cuéntame.


Memorias de Adriano le ha supuesto regresar a un mismo texto con Maurizio Scaparro, el mismo director con el que representó la obra hace 8 años. Él, que ha sido el primer actor español en meterse en la piel de un emperador hispano, hizo que el público se levantase en los festivales de Mérida y el Grec de Barcelona. El tiempo ha pasado, pero gracias a su poderosa voz y su temple ha repetido la hazaña, esta vez en el madrileño Teatro Albéniz.

Reconoce que ahora entiende mejor el texto y es esa comprensión la que le permite trasmitir el mensaje al público de manera certera. El de Manises tiene una vida pasada a la que puede echar mano cuando quiera y en la pieza, con muchas aristas, encuentra otros matices diferentes a los que había visto en el momento de su primera representación, en 1998. Su vuelta a Adriano le ha apartado unos meses de El gran regreso, una obra en la que da vida a un padre que ve a su hijo (Miguel Hermoso) tras un prolongado periodo de distancia. Interrumpió la gira porque quería estrenar en Madrid la adaptación de la obra de Marguerite Yourcenar.Un reto más para él, que ha hecho circo, cabaret y mucho teatro de carretera.

No le van mal las cosas, pero él ve este tiempo de buenas cosechas como un paréntesis que hay que saborear. Sabe lo que es pelearse por mantener una carrera de fondo, por ejemplo en el cine, donde atesora títulos como Todos a la cárcel, Flores de otro mundo, Sexo por compasión y Los lobos de Washington.

Texto escrito por
Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

viernes, mayo 19, 2006

Tom Hanks


Para ser el actor de los 20 millones de euros por película hay que reunir, como mínimo, dos requisitos: llamarse Tom y haber trabajado con Steven Spielberg.

Lo que ocurre es que ese honroso título se lo disputan Cruise y Hanks, dos avispados intérpretes que pertenecen a la misma generación -año arriba, año abajo- y ya empiezan a despuntar en nuevas facetas en el mundo del cine, como la de productor, de cara al aciago día en que el público no les quiera ver en pantalla.

Por ahora no se ha dado el caso ni con el chico de la sonrisa perfecta –arreglos incluidos-, ni con el californiano que a punto está de cumplir 50 años. Como experto en simbología y con el nombre de Robert Langdon acaba de estrenar un auténtico destroza-taquillas: El código Da Vinci.

En un cuarto de siglo "el hombre con un zapato&quo; rojo pasó una larga temporada como náufrago en una isla desierta acompañado de un amigo imaginario y también fue pasajero en tránsito en un aeropuerto, no sin antes acercarse al espacio exterior a bordo del Apolo XIII y contar la historia reciente de Estados Unidos a su manera. Ha pasado de la comedia al drama puro y duro, donde encontró el filón a explotar, convenciendo a crítica, público y compañeros.

Desde 1980, año en que rodó una inadvertida Sabe que estás sola, este californiano de aire despistado no ha dejado de protagonizar películas. En España le conocimos por su peculiar faceta de cuidador de sirenas o mejor dicho, sirena, con el rostro de Daryl Hannah. Un, dos, tres... Splash! fue su primera colaboración con Ron Howard (Una mente maravillosa), el director que se ha atrevido con la peliaguda y controvertida adaptación del mayor éxito de ventas literario de comienzos de milenio. Poco antes, el actor que luego ganaría dos Oscar por Philadelphia y Forrest Gump, protagonizó otra curiosa versión fílmica de un cómic mítico entre los jóvenes de los 80: Dragones y Mazmorras.

Dicen que el último es el mejor, al menos así lo cree Hanks, que ve en el protagonista de El código Da Vinci el papel que siempre había querido interpretar durante toda su carrera. La novela apareció en 2003, lo que quiere decir que el intérprete de títulos como La milla verde, Salvar al soldado Ryan y La hoguera de las vanidades no considera importante su trabajo al servicio de Spielberg en La Terminal y Joel y Ethan Coen en The Ladykillers.

Precisiones verbales a un lado, misterio, fantasía y polémica religiosa son los ingredientes del filme que tras pasar por Cannes llega a los cines de todo el mundo. El tándem Howard-Hanks se enfrentó al proyecto con la idea de ser fiel y respetuoso a la visión que Dan Brown plasmó en su libro. Y más le valía encarar el proyecto con firmeza ya que sonaron nombres como George Clooney y Rusell Crowe para el mismo personaje, aunque al final el director se decantó por él debido a su lado antipático y huraño, menos encantador que el de los otros dos aspirantes. Todo un halago para un actor que hace escuela, al menos en casa, y es que su hijo Colin Hanks (Orange County, 11:14, destino fatal) sigue sus pasos, lento pero seguro.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

viernes, mayo 05, 2006

Tom Cruise

Pocos personajes de Hollywood causan tanta admiración y animadversión a partes iguales como él, compañero de generación de Sean Penn, Matthew Broderick, Timothy Hutton y Matt Dillon.

El desembarco de nuevos guapos en las carteleras no ha hecho mella alguna en su popularidad y a sus 46 años sigue brincando en los rodajes como Ethan Hunt, uno de los espías más famosos del mundo, con permiso de James Bond, gracias a la tercera entrega de la saga Misión imposible.


Thomas Cruise Mapother IV, nacido el 3 de julio de 1962 no muy lejos de Nueva York, se convirtió en el ídolo de jovencitas gracias a películas como Risky Business y Top Gun, al tiempo que supo engatusar a algunos de los directores más prestigiosos de norteamérica como Oliver Stone y Martín Scorsese, compartiendo protagonismo con grandes de la talla de Paul Newman (El color del dinero) y Jack Nicholson (Algunos hombres buenos).

Tras 25 años de carrera aún falta en su filmografía el trabajo que le consagré entre los críticos y sus compañeros de profesión. El rey de las taquillas cosecha éxitos insuperables pero añora el papel que le confirme como buen actor –si es que lo es-. Muy cerca estuvo de conseguirlo cuando cayó en sus manos el proyecto póstumo de Stanley Kubrick, Eyes wide shut, peor lo cierto es que Cruise no convenció. Acaso Magnolia le llevó por otros derroteros, los del cine de autor, pero pronto se salió de la vereda, al menos como intérprete.

Tampoco es justo que nos cebemos con el chico de sonrisa perenne –por la que se embolsa más de 20 millones de euros por película- ya que, buceando en su carrera, encontramos algunas piezas como Nacido el 4 de julio y Rain man. Para él, que está en la profesión por el arte y no por el dinero, un buen guión es la base de un trabajo bien hecho. También una buena dirección: en Steven Spileberg (Minority Report) y Cameron Crowe (Jerry Maguire) confía de manera absoluta; también en J.J. Abrams (creador de Felicity, Alías y Perdidos) al que pidió que dejará su huella personal en M:i:III, al igual que en las anteriores hicieron Brian de Palma y John Woo.

Quienes le conocen bien aseguran que pronto dará el salto a la realización aunque por ahora va paso a paso, descubriendo facetas, la última, la de productor. La primera entrega de Misión imposible, hace ya una década, fue su primer encargo y el más reciente es Pregúntale al viento, adaptación de la novela de John Fante con Colin Farell y Salma Hayek como protagonistas. En medio del paréntesis temporal hay de todo: desde sus últimos protagonistas (Vanilla Sky, El último samurai, La guerra de los mundos) hasta títulos más modestos que le valieron un reconocimiento por su apoyo al cine independiente en los Independent Spirit Awards. Lo dicho, detractores y amantes a partes iguales.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

Hablamos con... Carlos Iglesias

Nació en el Madrid de finales de los cincuenta y pronto se marchó con sus padres a Suiza. Un viaje de ida y vuelta que le arrojó de nuevo a la realidad de un país que intentaba despegar.

Ese es el germen de su primera película, la historia a la que daba vueltas cuando Manuel Gutiérrez Aragón le regaló el personaje de Sancho Panza en la última adaptación de la obra cervantina, El caballero Don Quijote. Hasta entonces Iglesias había acumulado intervenciones contadas en cine y muchas experiencias teatrales y televisivas, entre las que no podemos olvidar la serie Manos a la obra que durante cuatro años le colgó el sambenito del "chapucillas" Benito.


El actor se convierte en completo cineasta gracias a una acertada visión de la emigración, un fenómeno vivido en sus propias carnes. Quizás por ello su debut en la dirección, Un Franco, 14 pesetas, se ha convertido en una de las más emotivas y sinceras cintas del cine español de los últimos años. Aunque no descarta ponerse al frente de otros proyectos como director, y reconoce que llegó a esta etapa sin pretensiones iniciales: él sólo quería narrar su historia, la de sus padres.

Daniel Galindo: Que frágil es nuestra memoria histórica, siendo además colectiva. Seguro que se le pasó por la mente a la hora de mascullar el proyecto.
Carlos Iglesias: Y tanto. Parece mentira que en tan sólo 40 años hayamos olvidado que muchos españoles tuvieron que salir de un país que no levantaba cabeza para llevarse a la boca un trozo de comida. Convertidos en país de acogida, la memoria de grupo parece que se estanca y sólo se mantiene activa en las familias, entre ellas la mía, que fueron protagonistas de aquel éxodo. Así se me ocurrió plasmar mis recuerdos en un guión y, para que no quedase un tanto desvirtuado, inicié un proceso de búsqueda en los retazos de vida de muchos otros españoles e italianos en países como Suiza y Alemania.

DG: ¿Un ejercicio de reivindicación?
CI: Más o menos. Este tema no se ha tratado con profundidad en nuestro cine pero no quiero ponerme medallas ya que sobre todo consistía en saldar las cuentas conmigo mismo, por todos los reproches que les hice a mis padres al regresar a Madrid con 13 años, dejando atrás a mis amigos y una vida modelo. Homenaje a mis progenitores, por su puesto, y luego sentía la necesidad imperiosa de narrar cómo nos trataron los suizos que, a pesar de que no nos regalaron nada, fueron honestos con nosotros. Mucha gente me pregunta por el mensaje y creo que está claro: hemos sido emigrantes y el trato que recibimos fue mejor que el que ofrecemos ahora a los inmigrantes.

DG: El rodaje le llevó de vuelta al pueblo suizo donde pasó buena parte de su niñez...
CI: Estuvimos algo más de dos semanas en una localidad cercana a la que me acogió en mi época de gamberrillo. Incluso pudimos rodar en la casa dónde viví. Lo curioso es que a más de 2.000 kilómetros de España he encontrado de nuevo un trozo de hogar en el que todavía viven recuerdos y emociones de aquellos años.

DG: ¿Echamos la vista atrás y miramos a Málaga? Premio del Público y los galardones a la mejor fotografía y al mejor guionista novel...
CI: Se me abrieron las puertas de par en par. Sin duda, el reconocimiento de los espectadores malagueños es el que me causó más orgullo. Me hizo pensar en muchas cosas y fíjate, todavía recuerdo cuando Manuel Gutiérrez Aragón me dijo que yo debía dirigir la historia que durante 3 años había ido perfilando, porque sólo yo podía hacer que aquellos hechos no se olvidasen. Ya está en los cines, parece mentira. Ahora mis hijos encuentran una respuesta tangible a la pregunta que hicieron en estos cinco últimos años: ¿a qué te dedicas, papá? A hacer una película.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

Hablamos con... Silvia Abascal

Madrileña de 28 años, lleva media vida dando vida a personajes en televisión y cine, una carrera que tiene continuidad porque da más importancia al hecho de evolucionar que al de mantenerse.

Ella soñaba con dedicarse a la interpretación y ve que ese sueño se está realizado, pero es consciente de que todo camino en cualquier momento puede torcerse. De todo eso nos habló minutos antes de subirse a las tablas de la Sala del Antiguo Café del Teatro Español con su tercer montaje, Siglo XX... qué estás en los cielos.

Daniel Galindo: Llevas varias semanas atrapada por una obra especial y arriesgada, con factores sorprendentes que condicionan la forma teatral...¿cómo estás viviendo la puesta en escena?
Silvia Abascal:
Estoy dentro de un proceso muy rico por muchos motivos: por contraste de personajes, ya que vengo de la ingenuidad y la inocencia de La dama boba y aquí paso a ser una yonkie que vive la movida de los 80, un personaje oscuro, cerrado, con muchas capas; además repito con Roberto Enríquez, uno de los compañeros a los que más admiro y quiero; y conocer la batuta de Blanca Portillo ha sido el mejor regalo. Con esas experiencias, todas juntas, me siento pletórica.

DG: Conocemos a Blanca en su faceta de actriz pero como directora, además de que este sea su quinto montaje, lleva muchos años tocando todos los palos del teatro desde su productora, Avance PT.
SA:
Para mi ha sido todo un descubrimiento. La admiraba mucho como actriz pero no nos conocíamos. Me encanta como mujer, como profesional... Creo que es muy buena guía y sabe exprimir a los actores, que está llena de inteligencia, respeto y tolerancia, un buen catálogo de virtudes al trabajar con un material tan frágil como es el de las emociones. Ha sabido jugar con este texto de David Desola, muy complicado, porque la función se desarrolla en un limbo inquietante, la antesala de un futuro, con dos muertos de diferentes periodos históricos a merced de un dios caprichoso e infantil que impone pruebas para volver a la vida, para reencarnarnos.

DG: Un proyecto muy especial, muy rico, que te permite trabajar aspectos diversos y, sin desvelar secretos para preservar el factor sorpresa, bajo unas condiciones específicas y muy curiosas...
SA:
Es un ejercicio de concentración diaria que requiere una elevada capacidad de comunicación debido a que las imágenes están puestas en las voces, llenas de colores y matices. Las palabras deben ser cuadros sonoros orgánicos, vivos, sinceros, y supone un esfuerzo el recrear un viaje sensorial en el cual el espectador tiene dos opciones: conectar y volar con nosotros o tomar un rumbo diferente. De cara a las reacciones del público la obra no permite término medio: encanta y apasiona o por el contrario te descoloca.

DG: Echando un vistazo a tu trayectoria teatral podemos distinguir tres etapas: los primeros pasos de manos de La Gaviota; un trabajo más maduro, un duelo interpretativo, junto a Luisa Martín en Historia de una vida y finalmente, Siglo XX...
SA:
Tienes razón, cada proyecto supone un nuevo aprendizaje. Me estrené con Amelia Ochandiano, de quien aprendí mucho; Historia de una vida ha tenido frutos muy positivos de cara a la valoración profesional y personal, ya que el personaje tenía una clara línea de evolución. Yo siempre busco contrastes entre los trabajos, no quiero acomodarme en ningún espacio. No me rijo por hacer sólo cine o televisión o teatro.

DG: En todo caso, vincular medios: el verso en el cine, la radio en el teatro y el teatro en la televisión.
SA:
Son buenas combinaciones pero de verdad, es lo que me interesa: no ir a lo fácil. Además de demostrar que un actor debe prepararse para todo y no relajarse. Ya que esta profesión te permite saborear tantas cosas hay que aprovecharlo: ir del monólogo a una coreografía, jugar con los acentos... Si sientes curiosidad por la vida, ésta es una carrera que te permite bucear en muchos abismos.

DG: Y todo despacio pero con paso firme, buscando el reto en cada propuesta...
SA:
Tengo una carrera con continuidad, un privilegio. Yo prefiero dar más importancia al hecho de evolucionar que al de mantenerme y creo que cuanto más meto la cabeza, más respeto siento por la profesión, lo que implica, que no es un título que te dan y se convierte en algo vitalicio.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

Hablamos con... Aitana Sánchez-Gijón

Nacida en Roma hace 38 años, la actriz se ha convertido en una de las intérpretes más codiciadas del panorama nacional. Vuelve a los escenarios con Cruel y tierno, del Centro Dramático Nacional. Dedicada en los últimos años casi por completo al cine, como actriz y presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, regresa a las tablas en un esperado reencuentro (si exceptuamos sus medidas apariciones en Las criadas, de Jean Genet, y la ópera-oratorio Juana de Arco en la hoguera.

Cruel y tierno toma como punto de partida Las traquinias de Sófocles y traslada su argumento al mundo contemporáneo, a una guerra de ahora mismo. Eso permite poner de relieve cómo afrontamos los problemas del mundo y el horror desde una posición acomodada al tiempo que trata el amor como arma de destrucción. Amor y odio encarnado por una mujer que ni es víctima ni verdugo por completo, en una mezcla de lo cruel y lo tierno, que da título al montaje producido por el Centro Dramático Nacional.

Daniel Galindo: Acaba de bajarse del escenario compartido junto a Mario Vargas Llosa, con quien descubrió La verdad de las mentiras, y regresa al teatro más convencional con una obra nada tópica. ¿Qué le movió a dar este paso?
Aitana Sánchez-Gijón:
Algo muy sencillo en apariencia ya que leí el texto y esa noche dormí bastante mal por la extrañeza que me causó: sensaciones de dolor y risa al mismo tiempo, imposibilidad de catalogarlo como tragedia o melodrama... Y ese conglomerado emocional era para mí la señal de que no tenía más remedio que embarcarme en lo que me ofrecía Gerardo Vera. Cuando siento ese desasosiego, esa palpitación, esa revolución interior que consigue un texto, me doy cuenta de que es esa la obra que tengo que hacer y no otra por la necesidad de contar algo que me haga reflexionar, me remueva y me sacuda.

DG: Mi personaje, Amelia, es una mujer acomodada que espera la vuelta a casa de su marido, un general acusado de crímenes de guerra. Está en una burbuja que le aísla del dolor, sin querer Da vida a una mujer durante dos tercios de la obra, un personaje que luego desaparece otorgando protagonismo a la guerra, las guerras, porque no se refierne a ninguna en concreto. A todas ellas, las que a pesar de la distancia golpean con fuerza en el salón de nuestra vivienda, en un país apacible, occidental y en principio ajeno al caos que tiene lugar en otra esquina del mundo.
ASG:
ver y comprender, adoptando la postura de no saber lo que pasa a su alrededor aunque en el fondo lo sabe todo, y la lucidez la lleva al desastre. La concepción del personaje, por lo que tenía de novedoso y extraño, me parecía un reto aún mayor.

DG: El Teatro Valle-Inclán se inauguró hace unos meses con Divinas palabras, un montaje concebido para un espacio a la italiana. Ahora con Cruel y tierno ofrece una nueva perspectiva escénica, con público disperso en torno a una escenografía a tres bandas...
ASG:
Una comunión total e interacción entre actor y espectador, que está muy cercano, más que en toda mi vida como actriz. La primera fila está metida de lleno en el escenario, introduciéndole de manera física al espectador y haciéndole participe de lo que está pasando. Tanto aperturismo, el despojarse de vestiduras innecesarias, está siendo muy estimulante además de permitir dejarnos la piel confiando en la potente conciencia de grupo de todo el conjunto de actores, los once, independientemente de los minutos que cada personaje esté en escena. Y todo se lo debemos a Javier G. Yagüe.

DG: Después de dos meses de ensayo el CDN pone en pie esta obra que aglutina el aliento de tragedia con el lenguaje contemporáneo, confiando además en uno de los valores destacados de la escena contemporánea alternativa...
ASG:
Que el director, dramaturgo (es coautor de la Trilogía de la juventud y Café) y cabeza visible de la Sala Cuarta Pared sea el responsable de la adaptación de la primera versión de obra del británico Martin Crimp, aporta una nueva concepción al proyecto. Me pareció un estímulo añadido, además del texto tan moderno y complejo, con frases cargadas de mensajes. Sólo alguien como él sería capaz de darle la visión profunda que necesitaban las palabras sobre el papel.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

viernes, abril 21, 2006

Hablamos con... Daniel Sánchez Arévalo

Es autor de Profilaxis, Gol y Exprés, tres de los cortometrajes más exitosos de los últimos años. La culpa del alpinista, basado en una idea que le brindó Julio Medem, alcanzó la sección Corto Cortissimo de la Mostra de Venecia celebrada en 2004. Este guionista madrileño curtido en series de televisión (Farmacia de guardia, Hospital Central) debuta en el formato estrella con una comedia sobre el duro drama de la vida, una historia que supone la continuación, siete años después, del relato aparcado en Física II, cortometraje que atesora más de 40 premios.

Considera que el cine es un arte muy caro para darle la espalda al público y ahora aguarda su reacción después del paso de AzulOscuroCasiNegro por el Festival de Málaga, donde ha logrado los premios de la Crítica, el Especial del jurado y el de Mejor guión. Una carrera de fondo que le está dando buenos resultados a un prometedor cineasta que nunca pensó en abandonar su camino marcado por la licenciatura en Empresariales.


Daniel Galindo: Su debut en el largometraje parece un puzzle de miedos y fantasmas, los de un grupo de jóvenes que lo tienen difícil al asentarse en el mundo de los adultos, una crónica aciaga presentada a modo de comedia oscura, casi negra.
Daniel Sánchez Arévalo: Coincido con el actor Hector Colomé en que la vida es dramática en un noventa por ciento, aunque las situaciones cómicas y patéticas ocupan y alegran buena parte de la existencia. Por eso decidí introducir a los personajes en ese ambiente y en esa edad, la que ronda ya los treinta, que parece menos cinematográfica que la del paso de la adolescencia a la juventud. La historia engancha con el final de Física II donde el personaje de 18 años empieza a tomar sus propias decisiones. Yo me pregunté qué ocurre si con 25 años, en la pre-madurez, sigues estancado en tus problemas, inseguridades y circunstancias.

DG: Sin llegar a ser autobiográfica, AzulOscuroCasiNegro parte de dentro, de sentimientos que albergó durante muchos años...
DSA: Es verdad. No me reconozco en el exterior pero si me identifico mucho con el mundo interior del este chaval con tendencia a cargar con la responsabilidad de todo lo que le rodea, que lucha en contra del destino que supone impuesto para él. Esos años, de los 18 a los 25, fue una etapa complicada para mí al no tener claro el camino a seguir y no era culpa de mi familia sino de mi mismo, por asumir cosas que nadie me asignaba. Es lo que le pasa a Jorge, que se tiene que dar cuenta de que su mayor enemigo es él mismo y a partir de ahí es cuando empieza a avanzar, en cuanto el superviviente se da el gusto de conocerse.

DG: Sus actores le han calificado como ‘novel con mucha madurez’, destacando la labor de dirección que ha realizado con ellos...
DSA: Y yo sólo puedo decir que he tenido a los mejores. Con algunos ya tenía lazos de amistad y con otros los he creado. Me encanta trabajar con los intérpretes, conocer sus limitaciones, sus deseos reales,... He disfrutado mucho en los ensayos y yo pensaba que iba a estar nervioso durante el rodaje por la responsabilidad, algo que me traumatizó en los primeros momentos. Siendo sincero creo que, más que dirigir bien a los actores, los elijo de forma adecuada. Es la base porque traen mucho de ellos mismos, independientemente de los ensayos.

DG: Veamos si el experimentado escritor barre para casa... ¿El guión es la base de un buen trabajo de dirección e interpretación?
DSA: Si. Un si rotundo porque el resto, lo que viene tras la concepción y creación frente al ordenador, me parece más fácil. Tenía claro que el guión de mi primer largo debía ser sólido, tenerlo todo claro. Más aún en esta película un tanto complicada por ser una historia de cubículos, con personajes encerrados en su micro-universo, una parcela en la que se tienen que adaptar para, atrapados en sus circunstancias, ser felices en la medida de lo posible. Y la película balancea entre los que quieren abandonar su celdita y cambiar, y los que quieren que no se desestabilice su contenido, algo muy difícil de asimilar.

DG: A pesar de ser un posible riesgo, de que pudiera resultar poco creíble o ridículo, ha sorprendido con un argumento que combina el drama y la comedia
DSA: Es una constante en toda mi obra de cortometrajes. Descubrí mi vena literaria a los 24 años y desde entonces no he podido evitar cuando escribo, buscarle el humor a las cosas. El drama por el drama me suele dejar de interesar, no así las películas que son capaces de hacernos pasar de la risa al llanto, de la emoción a la alegría. Por eso era muy importante el trabajo estrecho con los actores, que comprendiesen sus papeles y volasen. Es curioso que durante 8 años tuviera la historia en la cabeza, la plasmase durante 3 meses y, teniendo miedo a que me correspondiera en exclusiva, acabará perteneciendo también a ellos. Ha sido una liberación, una liberación compartida.